El prisioneroEstoy entre rejas en húmeda celda.
Criada en cautiverio, un águila joven,
mi triste compaña, batiendo sus alas,
junto a la ventana su pitanza pica.
La pica, la arroja, mira la ventana,
como si pensara lo mismo que yo.
Sus ojos me llaman y su griterío,
y proferir quiere: ¡Alcemos el vuelo!
¡Tú y yo somos libres como el viento, hermana!
Huyamos, es hora, do blanquea entre nubes
la montaña y brilla de azul la marina,
donde paseemos sólo el viento. ..¡y yo!
Terminó el día lluvioso; de la lluviosa noche...Terminó el día lluvioso; de la lluviosa noche
la sombra el cielo cubre con plomizo vestido.
Lo mismo que un espectro, detrás de la pineda,
la luna, rodeada de niebla, ha aparecido.
Todo inspira en mi alma una angustia sombría.
Allá lejos la luna brilla en pleno fulgor;
allá el aire rezuma tibieza vespertina,
allá la mar agita su manto de esplendor
bajo el azul del cielo.
Es el momento: ahora va ella por el monte
a las costas hundidas por las ruidosas olas.
Allá, bajo unas peñas escondidas,
ahora está ella sentada, entristecida y sola.
Sola... delante de ella ninguno llora o sufre,
sus rodillas de besos nadie en éxtasis cubre.
Sola... sin que a los labios de amante alguno entregue
ni hombros, ni húmedos labios, ni sus senos de nieve.
De su amor celestial ninguno es digno.
¿No es Cierto? Sola estás... lloras... yo estoy tranquilo.
Pero si ....
Todo lo sacrifico a tu memoria...Todo lo sacrifico a tu memoria:
los acentos de la lira inspirada,
el llanto de una joven abrasada,
el temblor de mis celos. De la gloria
el brillo, y mi destierro tenebroso,
lo bello de mis claros pensamientos
y la venganza, sueño tormentoso
de mis encarnizados sufrimientos.
Ya vague por las calles bulliciosas...Ya vague por las calles bulliciosas,
ya penetre en el templo populoso,
ya me rodeen alocados jóvenes,
en mis ensueños sigo estando absorto.
Me digo: pasarán raudos los años
y por muchos que aquí nos encontremos,
todos iremos a la eterna fosa
y para alguno ya llegó su tiempo.
Cuando contemplo el roble solitario,
este patriarca de los bosques -pienso-
sobrevivió al cruel siglo de mis padres
y sobrevivirá a este siglo nuestro.
Cuando acaricio a una tierna criatura
pienso que es hora ya de despedirme:
te cedo el puesto, florecer te toca,
y para mí ya es hora de pudrirme.
Cada día que pasa, cada hora,
me he acostumbrado a ejercitar la mente,
e intento adivinar cuál de entre ellos
será el aniversario de mi muerte.
Y ¿dónde me enviará la muerte el Hado?
¿En la guerra, en la mar, como viajero?
¿O si acaso será, el valle vecino
el que reciba mis helados restos?
Y aunque para mi cuerpo inanimado
dónde se descomponga igual le sea,
yo, más cercano a mi solar querido,
de ser posible, reposar quisiera.
Y que a la entrada misma de mi tumba
una juvenil vida jugar pueda,
y que Naturaleza indiferente
con su eterna hermosura resplandezca.
Canción báquica¿Por qué calla la voz de la alegría?
¡Suenen alto las báquicas canciones!
¡Y vivan las mujeres que sus dones
nos prodigan con amor y galanía!
Llenad la copa sin temor
y a su fondo argentino
al espumoso vino,
los anillos echad, prenda de amor!
Brindemos a una voz con ilusión:
¡Vivan las musas! ¡Viva la razón!
¡Arde, sol, con llama cegadora!
La lámpara al punto palidece
cuando su clara luz vierte la aurora.
Así falsa sapiencia desmerece
ante el sol inmortal de la verdad.
¡Viva la luz y no haya oscuridad!
El profetaSediento de alma, yo sin fin
por el desierto me arrastraba,
y un extraño serafín
apareció en la encrucijada.
Su dedo frágil me rozó,
como en un sueño, las pupilas.
Igual que una águila intranquila
las dilaté, fatídico.
Luego el oído me tocó,
llenó mi alma de sonidos:
vuelo de ángeles divino,
temblor de cielos oí yo,
rumor de aguas y reptiles,
voces del valle con sus vides.
Luego arrancóme sin demora
mi pobre lengua pecadora,
tan maliciosa, impertinente,
y con su mano en sangre intacta
puso en mi boca estupefacta
una lengua sabia de serpiente.
De una estocada abrióme el pecho,
quitó el turbado corazón
y puso el fuego, un carbón
ardiente. Y caí, deshecho.
Y en el desierto que calcina
manifestó la voz divina:
"En pie, profeta, y ve y comprende,
mi voluntad será tu acervo,
recorre el mundo y con tu verbo
enciende el alma de la gente".
Me erigí un monumentoExegi monumentumMe erigí un monumento milagroso y notable,
y en el camino recto que al pueblo hacia él le lleva
no ha de crecer la hierba. Su cúspide indomable
más que la alta columna de Alejandro se eleva.
No moriré del todo. Por la lira mi alma
pervivirá a mi polvo y escapará a la quieta
podredumbre. Famoso he de ser mientras sin calma
bajo la luna quede al menos un poeta.
Recorrerá mi fama toda la extensa Rusia.
Y no habrá, en cada idioma, quien mi nombre no sepa:
el finlandés, el nieto del eslavo, el tungús
salvaje, y el kalmuco amigo de la estepa.
Y seré por el pueblo querido en toda edad
por despertar los buenos sentimientos dormidos,
porque en mi cruel siglo canté a la Libertad,
porque imploré clemencia por todos los caídos.
Sé dócil al mandato de Dios, ¡oh Musa mía!:
no pidas la corona ni las injurias temas.
Elogios o calumnias acepta sin porfía,
y no entres con el tonto en discusión de temas.